Descripción

Equilibrando sobre la cuerda del destino, esta hada-princesa convierte el riesgo en juego y la fragilidad en fuerza.
Con gracia y ligereza, hace malabares con las caritas de los siete enanitos, que giran en el aire como símbolos de inocencia, humor y complicidad.
Entre ecos de cuento y magia de circo, danza luminosa, recordándonos que en cada equilibrio también late la alegría de la infancia.






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